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Wake me up.

Hace meses me desespera una idea, latente, un pensamiento. No se va, por más que intento ignorarlo, persiste, se queda, me consume. Hoy se apodera de mí y no me deja avanzar hasta que le presto atención: mi receso ha sido demasiado largo. Los motivos por los cuales estoy en esta situación son ahora  tan irrelevantes como dolorosos fueron en su momento, ya no importa, ya pasó, son polvo y ahora puedo hablar sobre eso… Aún me molestan, aún duelen, aún estorban, pero puedo vivir con ellos. Un niño ríe en la casa vecina, un perro ladra, escucho el estruendo del agua cuando alguien, quizá el niño, se lanza a una piscina que está inerte y sola la mayoría del año. Creo que son dos perros en vez de uno…  ¿qué más da?, me he quedado en receso de nuevo y ahora sólo puedo pensar en el mar. Odio estos momentos en los que me quedo mirando algo inexistente y pensando en nada, pero reconozco que son necesarios. ¿Quién será ese niño? De seguro lo conozco, de seguro lo he visto jugando en la calle, quisiera ser niña otra vez: iría hasta su casa y le preguntaría si quiere jugar, así no estaría aquí preocupándome por todo el tiempo que perdí e intentando inútilmente no llorar. Mi receso ha sido demasiado largo, necesito volver. Hay un árbol en mi pared, ahora es fácil recordar lo feliz que fui cuando lo pinté.