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Acerca de heyanainthesky

20 años, Estudiante de Literatura.

Wake me up.

Hace meses me desespera una idea, latente, un pensamiento. No se va, por más que intento ignorarlo, persiste, se queda, me consume. Hoy se apodera de mí y no me deja avanzar hasta que le presto atención: mi receso ha sido demasiado largo. Los motivos por los cuales estoy en esta situación son ahora  tan irrelevantes como dolorosos fueron en su momento, ya no importa, ya pasó, son polvo y ahora puedo hablar sobre eso… Aún me molestan, aún duelen, aún estorban, pero puedo vivir con ellos. Un niño ríe en la casa vecina, un perro ladra, escucho el estruendo del agua cuando alguien, quizá el niño, se lanza a una piscina que está inerte y sola la mayoría del año. Creo que son dos perros en vez de uno…  ¿qué más da?, me he quedado en receso de nuevo y ahora sólo puedo pensar en el mar. Odio estos momentos en los que me quedo mirando algo inexistente y pensando en nada, pero reconozco que son necesarios. ¿Quién será ese niño? De seguro lo conozco, de seguro lo he visto jugando en la calle, quisiera ser niña otra vez: iría hasta su casa y le preguntaría si quiere jugar, así no estaría aquí preocupándome por todo el tiempo que perdí e intentando inútilmente no llorar. Mi receso ha sido demasiado largo, necesito volver. Hay un árbol en mi pared, ahora es fácil recordar lo feliz que fui cuando lo pinté.

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Poetas ingleses: Poemas que son plantas.

W.H. Auden.

Song: Stop all the clocks. 

Stop all the clocks, cut off the telephone,
Prevent the dog from barking with a juicy bone,
Silence the pianos and with muffled drum
Bring out the coffin, let the mourners come.

Let aeroplanes circle moaning overhead
Scribbling on the sky the message He Is Dead,
Put crepe bows round the white necks of the public doves,
Let the traffic policemen wear black cotton gloves.

He was my North, my South, my East and West,
My working week and my Sunday rest,
My noon, my midnight, my talk, my song;
I thought that love would last for ever: I was wrong.

The stars are not wanted now: put out every one;
Pack up the moon and dismantle the sun;
Pour away the ocean and sweep up the wood.
For nothing now can ever come to any good.

Las enredaderas se adhieren y se extienden… Como este poema. 

Hopkins.

Heaven – Haven

A nun takes the veil

I have desired to go
Where springs not fail,
To fields where flies no sharp and sided hail,
And a few lilies blow.

And I have asked to be
Where no storms come,
Where the green swell is in the havens dumb,
And out of the swing of the sea.

And a few lilies blow.

C.Day Lewis.

Now she is like the white tree-rose

Now she is like the white tree-rose

That takes a blessing from the sun:

Summer has filled her veins with light,

And her warm heart is washed with noon.

Or as a poplar, ceaselessly

Gives a soft answer to the wind:

Cool on the light her leaves lie sleeping,

Folding a column of sweet sound.

Powder the stars. Forbid the night

To wear those brilliants for a brooch

So soon, dark death, you may close down

The mines that made this beauty rich.

Her thoughts are pleiads, stooping low

O’er glades where nightingale has flown:

And like the luminous night around her

She has at heart a certain dawn.

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Now she is like the white tree-rose

That takes a blessing from the sun

Bibliografía consultada:

-L. Untermeyer. (1950). Modern American Poetry & Modern British Poetry. New York: Harcourt, Brace and Company.

Trece maneras de mirar un mirlo: Trece poetas norteamericanos.

I

Entre veinte montes nevados,

La única cosa en movimento

Era el ojo de un mirlo.

W.S.

Conrad Aiken: Encuentro.

¿Por qué te contemplo? ¿Por qué te toco? ¿Qué busco en ti,

mujer,

que he de apresurarme para estar contigo una vez más?

¿Por qué debo sondear nuevamente tu nada abisal

y extraer nada más que dolor?

Fijamente, fijamente miro tus ojos acuosos; pero no quedo más

convencido.

Ahora que alguna otra vez

de que sólo son dos espejos que reflejan la luz del

firmamento,

eso y nada más.

Y aprieto tu cuerpo contra mi cuerpo como si esperara abrirme

una brecha

directamente a otra esfera;

Y me esfuerzo por hablar contigo con palabras más allá de mi palabra,

en las que todas las cosas son claras,

hasta que exhausto me hundo una vez más en tu nada abisal

y la fría nada de mí:

Tú, riendo y llorando en este cuarto ridículo

con tu mano sobre mi rodilla;

Llorando porque me crees perverso y desdichado; y riendo

por hallar nuestro amor tan extraño;

Con la vista mutuamente clavada en una última esperanza,

ciega y desesperada,

de que el mundo entero cambie.

II

Yo tenía tres modos de pensar,

como un árbol

en el que hay tres mirlos.

W.S.

Elizabeth Bishop: Visitas a St. Elizabeths.

Ésta es la casa de los locos.

Éste es el hombre

que está en la casa de los locos.

Éste es el tiempo

del hombre trágico

que está en la casa de los locos.

Éste es el reloj-pulsera

que da la hora

del hombre locuaz

que está en la casa de los locos.

Éste es el marinero

que usa el reloj

que da la hora

del hombre tan celebrado

que está en la casa de los locos.

Éste es la rada hecha de tablas

adonde llega el marinero

que usa el reloj

que da la hora

del viejo valeroso

que está en la casa de los locos.

Éstos son los años y los muros del dormitorio,

el viento y las nubes del mar de tablas

navegado por el marinero

que usa el reloj

que da la hora

del maníaco

que está en la casa de los locos.

Éste es un judío con un gorro de papel periódico

que baila llorando por el dormitorio

sobre el mar de tablas rechinantes

más allá del marinero

que da cuerda al reloj

que da la hora

del hombre cruel

que está en la casa de los locos.

Éste es un universo de libros desinflados.

Éste un judío con un gorro de papel periódico

que baila llorando por el dormitorio

sobre el rechinante mar de tablas

del marinero ido

que da cuerda al reloj

que da la hora

del hombre atareado

que está en la casa de los locos.

Éstos son los años y los muros y la puerta

que se cierra sobre un muchacho que golpetea el piso

para saber si el mundo está allí y si es plano.

Éste es un judío con un gorro de papel periódico

que baila alegremente por el dormitorio

en los mares de tablas que se van

más allá del marinero de los ojos en blanco

que sacude el reloj

que da la hora

del poeta, el hombre

que está en la casa de los locos.

Éste es el soldado que vuelve de la guerra.

Éstos son los años y los muros y la puerta

que se cierra sobre un muchacho que golpetea el piso

para saber si el mundo es plano o redondo.

Éste es un judío con un gorro de papel periódico

que baila con cuidado por el dormitorio

caminando sobre la tabla de un ataúd

con el marinero chiflado

que muestra el reloj

que da la hora

del desdichado

que está en la casa de los locos.

III

El mirlo giraba en los vientos de otoño.

Era una pequeña parte de la pantomina.

W.S.

e.e. cummings: Que mi corazón…

Que mi corazón esté siempre abierto a los pequeños

pájaros que son los secretos de la vida

lo que sea que ellos canten es mejor que conocer

y si los hombres no los escuchan son hombres viejos

que mi mente pueda deambular hambrienta

y sin miedo y sedienta y flexible

y aún si es domingo que yo pueda estar equivocado

pues cada vez que un hombre tiene razón no es joven

y que yo mismo no pueda hacer algo útil

y amarte más que verdaderamente, mucho más

nunca ha habido alguien tan tonto como para fracasar

al cubrirse todo el cielo con una sola sonrisa.

IV

Un hombre y una mujer

Son uno.

Un hombre, una mujer y un mirlo

Son uno.

W.S.

Robert Frost: Hielo y Fuego.

Unos dicen que el mundo terminará en fuego,

otros dicen que en hielo.

Por lo que he gustado del deseo,

estoy con los partidarios del fuego.

Pero si tuviera que sucumbir dos veces,

creo saber bastante acerca del odio

como para decir que en la destrucción el hielo

también es poderoso

Y bastaría.

V

No sé qué preferir

Si la belleza de las inflexiones

O la belleza de las insinuaciones.

El mirlo cuando silba

O cuando acaba de hacerlo.

W.S.

Emily Dickinson: Morí por la belleza.

Morí por la belleza, pero apenas

acomodada en la tumba,

Uno que murió por la verdad yacía

En un cuarto contiguo.

Me preguntó en voz baja por qué morí.

-Por la belleza- repliqué.

-Y yo por la verdad, las dos son una

-Somos hermanos –dijo.

Y así, como parientes, reunidos una noche

hablamos de un cuarto a otro

hasta que el musgo alcanzó nuestros labios

y cubrió nuestros nombres.

VI

Los carámbanos cubrían la ancha ventana

Con bárbaro cristal.

La sombra del mirlo

La atravesaba, de acá para allá.

El ánimo

Trazó en la sombra

Una causa indescifrable.

W.S.

Anne Sexton: Descalza.

Amarme sin mis zapatos

significa amar mis largas y bronceadas piernas

adoradas, buenas como cucharas;

y mis pies, esos dos niños

que salían a jugar desnudos. Intrincados nudos,

mis dedos. No están más juntos.

Mejor aún, ver las uñas de mis dedos

todos los diez pasos, raíz por raíz.

Todos vivaces y salvajes, este cerdito

fue al mercado y este cerdito

se quedó. Mis largas y bronceadas piernas como

mis dedos largos y bronceados.

Más arriba, mi amor, la mujer

está invocando sus secretos, pequeñas casas,

pequeñas lenguas que te hablan.

No hay nadie más que nosotros

en este fragmento peninsular.

El mar usa una campana en su ombligo

y yo soy tu criada descalza toda

la semana. ¿Quieres salami?

No. ¿Prefieres un wiski?

No. Tú en realidad no tomas. Mejor me tomas

a mí. Las gaviotas devoran peces,

que lloran como niños asustados.

El oleaje narcótico, reclama.

Yo soy, yo soy, yo soy

toda la noche. Descalza,

subo y bajo por tu espalda.

En la mañana corro recámara a recámara

de la cabaña que juega a la persecución.

Ahora me tomas de los tobillos,

subes por mis piernas,

hasta que llegas a perforar el hambre de mis ansias.

VII

Oh enjutos hombres de Haddam,

¿Por qué imagináis pájaros de oro?

¿No véis como el mirlo

anda cerca de los pies

de las mujeres que tenéis alrededor?

W.S.

Karl Shapiro: Un jardín en Chicago.

En mitad de la ciudad, bajo un cielo oleoso,

yazgo en un jardín verde oscuro

que parece sedimento de la imaginación

rodeado a la vuelta por las elegantes espigas de las cercas de hierro.

Mi rostro se vuelve una luna de soles ausentes.

Un tenue calor golpea mi lectora cara;

Las rosas no son rosas en este lugar arenoso.

Pero el azul gris de las lilas sostiene sus campanillas afuera.

Dura zinias y feas caléndulas

y una dulce estatua de un niño apoyado.

Un fluir de poesía en el canalón del otro lado del patio

me hace pensar que yo fui un pájaro de la prosa;

Por sobre la cabeza, en una pesada nube dorada

cuelgan las gordas almas de los animales

y engañan a mis ojos los brillantes puntos de las mariposas

que se encienden y apagan como distantes señales de neón.

Asumiendo que este jardín continuará existiendo

una anciana dama patrulla las zinias

(Ella lanza miradas como George Washington al atravesar el Delaware)

El portero da recorridas hasta el hierro del rail,

los amontonamientos ampulosos del trafico están fuera de ahí,

y a través de la calle, en un bar para negros

con espejos de medianoche, el profesional

toma su primer Whisky de la tarde.

VIII

Sé de nobles acentos

Y ritmos inevitables y lúcidos;

Pero sé, también,

Que el mirlo interviene

En lo que sé.

W.S.

Ezra Pound: Un pacto.

Yo hago un pacto contigo, Walt Whitman.

Ya te he detestado lo suficiente.

Llego a ti como un niño crecido

que ha tenido un padre testarudo;

ya tengo edad para hacer amigos.

Fuiste tú el que partió la nueva leña,

ahora es el tiempo de tallar.

Nosotros tenemos la raíz y la savia:

Que haya intercambio entre nosotros.

IX

Cuando el mirlo se perdió de vista volando

Marcó el borde

De uno entre muchos círculos.

W.S.

T.S. Eliot: Ojos que vi con lágrimas.

Ojos que vi con lágrimas la última vez

a través de la separación

aquí en el otro reino de la muerte

la dorada visión reaparece

veo los ojos pero no las lágrimas

esta es mi aflicción.

Esta es mi aflicción:

ojos que no volveré a ver

ojos de decisión

ojos que no veré a no ser

a la puerta del otro reino de la muerte

donde, como en éste

los ojos perduran un poco de tiempo

un poco de tiempo duran más que las lágrimas

y nos miran con burla.

X

A la vista de mirlos

Volando en una luz verde,

Hasta las celestinas de la eufonía

Lanzarían gritos agudos.

W.S.

Sylvia Plath: Espejo.

Soy plateado y exacto. No tengo preconceptos.

Cuanto veo, lo trago inmediatamente

tal cual es, sin empañar por amor o desagrado.

No soy cruel, sólo veraz:

Ojo de un pequeño dios, cuadrangular.

Casi todo el tiempo medito en la pared de enfrente.

Es rosada, con lunares. La he mirado tanto tiempo

que creo que es parte de mi corazón. Pero fluctúa.

Las caras y la oscuridad nos separan una y otra vez.

Ahora soy un lago. Una mujer se inclina sobre mí,

buscando en mi extensión lo que ella es en realidad.

Luego se vuelve hacia esas mentirosas, las bujías o la luna.

Veo su espalda y la reflejo fielmente.

Me recompensa con lágrimas y agitando las manos.

Soy importante para ella. Que viene y se va.

Todas las mañanas su cara reemplaza la oscuridad.

En mí ella ahogó a una muchachita y en mí una vieja

se alza hacia ella día tras día, como un pez feroz.

XI

Viajaba por Connecticut

En un coche de vidrio.

En un momento dado un temor lo electrizó,

Cuando confundió

La sombra de su equipaje

Con mirlos.

W.S.

Edna St. Vincent Millay: Qué labios mis labios han besado.

Lo que mis labios han besado, y dónde, y porqué

he olvidado, y que brazos han yacido

bajo mi cabeza hasta el amanecer; pero la lluvia

está llena de fantasmas esta noche, que golpean y suspiran

contra la ventana y esperan una respuesta.

Y en mi corazón despierta una callada pena

por los muchachos olvidados que ya no son otra vez

se volverán hacía mi a medianoche con un gemido.

Así en el invierno se yergue un árbol solitario,

no sabe que los pájaros se han marchado uno a uno,

pero si sabe que sus ramas están ahora más calladas;

No puedo contar los amores que han ido y venido;

Sólo sé que el verano canto en mí una vez

por un rato nada más, y ya no canta más.

XII

El río fluye.

El mirlo debe estar volando.

W.S.

Charles Bukowski: Los mejores de la raza.

No hay nada que

discutir

no hay nada que

recordar

no hay nada que

olvidar

es triste

y

no es

triste

parece que la

cosa más

sensata

que una persona puede

hacer

es

estar sentada

con una copa en la

mano.

XIII

Anocheció toda la tarde.

Estaba nevando

E iba a seguir nevando.

El mirlo se posaba

En las ramas del cedro.

W.S.

Walt Whitman: Reconciliación.

Palabra sobre todas, hermosa como el firmamento,

hermoso que la guerra y todos sus actos de carnicería hayan de

perderse totalmente en el tiempo,

que las manos de las hermanas, Muerte y Noche, laven sin cesar,

tiernamente, una y otra vez este mundo manchado;

Pues mi enemigo está muerto, un hombre tan divino como yo

está muerto,

lo contemplo donde yace con rostro blanco y rígido en el ataúd

– me acerco,

me inclino y toco levemente con mis labios el rostro blanco en

el ataúd.

Bibliografía consultada:

-E.L. Revol. (1976). Wallace Stevens: Trece maneras de mirar un mirlo. En Poetas Norteamericanos Contemporáneos (415-418). Buenos Aires: Ediciones Librerías Fausto.

-E.L. Revol. (1976). Poetas Norteamericanos Contemporáneos. Buenos Aires: Ediciones Librerías Fausto.

-L. Untermeyer. (1950). Modern American Poetry & Modern British Poetry. New York: Harcourt, Brace and Company.

Sylvia Plath: Blank.

En la mayoría de las biografías de Sylvia Plath, el tema de “su” trastorno bipolar es el principal referente sobre el trasfondo de su obra poética y narrativa. No se dejen engañar. Esto es sólo la manifestación de una sociedad que no puede concebir tanto talento, felicidad y tristeza en la misma hoja de papel, una sociedad a la que le cuesta aprender a disfrutar del dolor y que no puede imaginar al gozo y la depresión tomados de la mano.

“Mutilada psicológica” e “insuficiente” son algunos de los adjetivos que se utilizaron para describir a Sylvia, pero estoy segura de que cualquier persona que haya leído al menos un retazo de su obra sabe que el derrumbe emocional que su poesía transmite está muy lejos de la insuficiencia y muy cerca de todo lo que definimos como divino. Es imposible negar que caminas entre tierra y aire con poemas como Señora Lázaro

Señora Lázaro (Lady Lazarus):

Lo he hecho de nuevo.
Una vez cada cada diez años
lo consigo…

Una especie de milagro ambulante, mi piel.
Brilla como una pantalla nazi,
mi pie derecho

un pisapapeles,
mi cara sin facciones, fina.
Lienzo judío.

Arráncame la toalleta,
¡ah, enemigo mío!
¿Es que aterrorizo?…

¿La nariz, la cuenca de los ojos, toda la dentadura?
El aliento agrio
se desvanecerá en un día.

Pronto, pronto la carne
que alimentó la grave sepultura me será
familiar

y yo seré una mujer sonriente,
sólo tengo treinta.
Y como el gato tengo nueve vidas que morir.

Ésta es la Número Tres.
Qué basura
esto de aniquilar cada década.

Qué millón de filamentos.
La multitud como maní prensado
se atropella para ver

desenvuelven mis manos y pies…
el gran strip tease
damas y caballeros

éstas son mis manos
mis rodillas.
Puedo estar reducida a piel y huesos,

sin embargo, soy la misma e idéntica mujer.
La primera vez que ocurrió, tenía diez.
Fue un accidente.

La segunda vez quise
que fuera definitivo y no regresar jamás.
Arrullándome me cerré

como una ostra en el mar.
Tuvieron que llamar y llamar
y quitarme uno a uno los gusanos como perlas viscosas.

Morir
es un arte, como todo lo demás,
yo lo hago excepcionalmente bien.

Lo hago de modo tal que parece infernal.
Lo hago de modo tal que parece real.
Supongo que podrán decir que es mi vocación.

Es tan fácil que puedes hacerlo en una celda.
Es tan fácil que puedes hacerlo y quedarte ahí, quieta.
Es el teatral 

regreso a pleno día                                                                                                                                                                  al mismo lugar, a la misma cara, al mismo grito
brutal y divertido

“¡Milagro!”
que me deja fuera de combate.
Hay un recargo

para mirar mis cicatrices, hay recargo
para oír mi corazón…
que late de veras.

Y hay un recargo, un precio mayor
por una palabra o un contacto
o un poquito de sangre

o una muestra de mi cabello o de mi ropa.
Bueno, bueno, Herr Doctor.
Bueno, Herr Enemigo.

Yo soy vuestra opus,
Yo soy vuestra valiosa
niña de oro puro

que se funde en un chillido.
Giro y ardo.
No crean que no estimo su enorme preocupación.

Cenizas, cenizas…
Ustedes atizan y remueven.
Carne, hueso, no hay nada ahí…

Un pan de jabón,
un anillo de bodas,
una orificación.

Herr Dios, Herr Lucifer
tengan cuidado,
tengan cuidado.

Sobre las cenizas
me elevo con mi cabello rojo
y devoro hombres como aire.

George Steiner hablaba de “lugares sombríos” en una crítica a Sylvia Plath. Los hay, no sólo en ella sino en todos nosotros. Podemos sentirlos, olerlos. Encuentran lugar como la brisa, sin molestar demasiado, pero haciéndose notar. Versos como “Dying / Is an art, like everything else. / I do it exceptionally well. / I do it so it feels like hell. / I do it so it feels real. / I guess you could say I’ve a call” los hacen resurgir. Es imposible tocarlos, quizá por eso es tan difícil aceptar la congruencia de la felicidad y el dolor.

Cruzando el agua, Espejo, Mujer estéril… redefinen al lector, lo trastocan, semejan el espacio en blanco en un examen… Se supone que debes rellenarlo con lo que sabes, con lo que sobra o lo que falta. Lo importante de una obra literaria no es que genere fama, sino que genere un cambio. Sobre los “cambios” que generó Sylvia Plath en mi, o en cualquier otra persona no hablaré, ya que está de más.

Bibliografía consultada:

-E.L. Revol. (1976). Sylvia Plath. En Poetas Norteamericanos Contemporáneos(281-290). Buenos Aires: Ediciones Librerías Fausto.

Xenofobia.

¿Qué tan repulsiva es la indiferencia?

En 1942 Albert Camus nos presenta “El Extranjero”,  ésta novela gira en torno a Mersault, a su indiferencia, a su personalidad retraída y distante. Ésto es lo que dice la crítica, pero yo soy una simple lectora, y como lectora me gusta ver todas las caras de la moneda. En “El Extranjero” no es la indiferencia de Mersault lo que resalta, no es su personalidad, no son sus actos, esa no es la historia subyacente, en “El Extranjero” es el absurdo asombro de los co-protagonistas lo que se realza.

Mersault vive en un mundo que rechaza lo diferente, lo que no es “común”, un mundo que tiene establecido lo que es aceptado socialmente y lo que no, él es un extranjero y todos los demás son xenofóbicos. Durante mi lectura, jugué a medir el asombro de todos con Mersault y el asombro que Mersault sentía por todos, el era un incomprendido, pero fue muy interesante ver que tan incomprensibles resultaban los demás para Mersault.

“El Extranjero” es uno de esos libros que llamo “malditos”, lo he visto en todas las ferias del libro desde el año 2011, sin decidirme a comprarlo, me encuentro con enlaces de críticas literarias en casi todas las páginas web que visito, ha sido una obra recurrente de las discusiones en clases y para finalizar la persecución, vi un ejemplar en la biblioteca la semana pasada, cayéndose de la estantería, gritando “LÉEME”. Es una lectura muy amena, muy rápida y placentera, casi tan breve como leer un cuento, y que encierra demasiadas historias en sus escasas 120 páginas, los invito a todos a que no rechacen la maldición de leerlo.

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Bibliografía consultada:

-Albert Camus. (2002, para ésta edición). El Extranjero. España: Opera Mundi.

La desdicha del Bonsái.

Álvaro Cepeda Samudio se refiere al cuento como “un género literario independiente, que no está ampliamente definido en castellano” y aclara: “Quiero decir que existe todavía la tendencia a confundir el relato con el cuento: de llamar cuento a la simple relación de un hecho o estado. El cuento como unidad puede distinguirse con facilidad del relato: es precisamente lo opuesto. Mientras el relato se construye alrededor del hecho, el cuento se desarrolla dentro del hecho. No está limitado por la realidad, ni es totalmente irreal: se mueve precisamente en esa zona de realidad – irrealidad que es su principal característica” y para constatar esto, Cepeda define Bestiario, de Cortázar como “una serie de cuentos en los cuales la línea que divide la realidad de la irrealidad ha desaparecido”. Lo mismo podríamos comentar sobre Horacio Quiroga, particularmente en La Tortuga Gigante, es maravilloso terminar de leer ese cuento y darnos cuenta de que Quiroga nos hizo creer que una tortuga pudo realizar tan heroicas hazañas.

Esta discusión entre la realidad-irrealidad presente en los cuentos ha generado tanta polémica que Ribeyro le dedicó el segundo lugar en su famoso decálogo: “La historia del cuento puede ser real o inventada. Si es real debe parecer inventada, y si es inventada, real” ahora bien, ¿cómo distinguir entre lo uno y lo otro?… si el cuento está bien escrito, no será necesario diferenciar, sólo basta con leer uno o dos cuentos de Julio Garmendia para entender ese punto del decálogo. Es totalmente posible que un “Librero” sienta la necesidad de cuidar a los personajes abandonados de las historias… Es posible, pero no deja de ser extraño. Esos giros tan perspicaces y casi inadvertibles son los que le brindan al cuento un matiz de misterio y complicidad, que en la novela casi siempre están al descubierto o se evidencian en los detalles.

Todos los cuentistas que he nombrado anteriormente, han dejado su huella en la historia de este género y cada uno ha redefinido el cuento con su estilo y esencia personal, han trascendido a través del tiempo y han sido el antecedente de cuentistas contemporáneos tan prometedores como Guadalupe Nettel.

En Bogotá 39: Antología de Cuento Latinoamericano hay un importante encuentro de 39 escritores menores de 40 años (para el año de publicación, 2.007) que resuenan actualmente en el mundo literario, Guadalupe Nettel, una de ellos, participa con Bonsái. Este cuento brinda la sensación de “un antes y un después”, es una de esas lecturas inolvidables que nadie debería negarse al placer de leerlas. Una interrogante recurrente a medida que se lee es ¿Qué es para mí un bonsái?, muy simple: carencia de libertad. Afortunadamente, Guadalupe Nettel tiene la increíble habilidad de escribir un árbol libre y frondoso sobre un bonsái. El lenguaje de este cuento se expande y crece hacia distintas direcciones, se adueña de quien lo lee y lo hace partícipe de todas las experiencias narradas, te sumerge en un mundo verde y vivo.

Bonsái reúne perfectamente todos los elementos que se han considerado como necesarios en un cuento: conmueve, sorprende, intriga, mantiene la precisión y la tensión, pero sobre todo, está cargado de la complicidad y el misterio que dejan la puerta abierta al lector para que se sumerja en esa línea imperceptible entre lo real e irreal. Leerlo es como pasar los dedos lentamente por las ramitas de un suave arbusto. Es imposible evitar recordar el bosque de Eugenio o la maravillosa relación entre sus árboles y su poesía.

El cuento, lejos de ser un desdichado bonsái, me pareció una enredadera, se extendió hacia mí, hizo resonar todos los árboles, todos los arbustos, todos los cactus y los bonsáis que he visto en mi vida, los que desaparecieron y aún están, los que murieron totalmente y los que se quedaron. Guadalupe Nettel creó una metáfora maravillosa para cada experiencia, ahora son árboles. Cada recuerdo es un árbol frondoso o un desdichado bonsái.

Guadalupe Nettel, 7 de Febrero de 2.015, en una entrevista para Efe, en la Ciudad de México. Enlace: http://www.kint.com/2015/02/07/guadalupe-nettel-una-sobreviviente-del-reino-de-los-trilobites/

Bibliografía consultada:

  • Autores varios. (2.007). Bogotá 39: Antología de Cuento Latinoamericano. Bogotá: Ediciones B.
  • Álvaro Cepeda Samudio, (Edición de Jacques Gilard). (2.007). Todos estábamos a la espera. Madrid: Cooperación Editorial.
  • Horacio Quiroga. (1.998). Cuentos de la Selva. Bogotá: Panamericana Editorial.
  • Julio Garmendia. (1.927). La Tienda de Muñecos. Venezuela: Excelsior.

Persistencia.

  • Toda relectura de un clásico es una lectura de descubrimiento como la primera.
  • Toda lectura de un clásico es en realidad una relectura.
  • Un clásico es un libro que nunca termina de decir lo que tiene que decir.

-Ítalo Calvino, ¿Por qué leer a los clásicos?

En cualquier enciclopedia, página web o en las notas de un libro “clásico” podemos encontrar resúmenes detallados que nos brindan todo el conocimiento necesario para mantener viva una conversación sobre literatura clásica y salir ilesos y conocidamente “cultos” del asunto. Sin embargo, no es importante lo que ocurrió en la historia, sino lo que la historia nos hace sentir a medida que la leemos, eso es algo que ningún resumen, crítica o comentario puede ofrecernos.

Según Ítalo Calvino, “ningún libro que hable de un libro dice más que el libro en cuestión”. Legalmente, yo leí “Cien años de soledad” en 4to año de bachillerato e hice un maravilloso trabajo final en el que obtuve 20 puntos… pero en realidad, el libro lo leí 2 años más tarde en unas vacaciones muy productivas. No estoy orgullosa, pero es un alivio confesarlo. Personalmente le agradezco a mis profesores de bachillerato por evaluarme en base al contenido de esos fantásticos, prácticos y asquerosos libros de Castellano y Literatura que le roban toda la magia al placer de leer las grandes obras. Sinceramente, gracias.

Por más sugestivo que un comentario pueda ser, no logra más que invitarte a leer. Siempre hay una historia oculta que nadie podrá contarte ya que cada quién la descubre en la intimidad, por eso, se dice que los clásicos “persisten”, “resuenan”, “trascienden”, lo hacen en la cultura pero sobre todo en las personas. No es posible ser la misma persona después de leer a Rimbaud o a Bécquer (en mi opinión). Así como no es lo mismo leer a Bécquer con 14 años por aburrimiento y curiosidad, que leerlo con casi 20 por placer y sobre todo por necesidad.

Calvino plantea un argumento interesante: “Tu clásico es aquel que no puede serte indiferente y que te sirve para
definirte a ti mismo en relación y quizás en contraste con él”. En esta frase apoyo mi “necesidad” por leer ciertos libros una y otra vez. Hay libros que demandan leerse. Existe una idea errónea de que un clásico requiere ser casi pre-histórico para ser un clásico, no, hay libros antiguos que no llegaron a ser clásicos. Un “clásico” recibe ese nombre por el simple hecho de resonar a través del tiempo, de persistir. Parafraseo el final del texto de Calvino: Hay que leerlos para saberlos antes de morir.

(Es interesante escribir “Clásico” en el buscador de Google)

Los árboles con los que se escribe la historia.

Según Octavio Paz, “la historia del hombre podría reducirse a la de las relaciones entre las palabras y el pensamiento”, cuando se es cómplice de la poesía, es fácil entender esto como la historia personal de cada persona, entre el poema y el significado que cada quien le da. Al leer a Eugenio Montejo se crea un vacío entre lo que está escrito y el sentido que esto toma en mi cabeza, un vacío que el poema no puede explicar ni mucho menos yo, ya que es un vacío lleno de sensaciones, que me dejan perpleja, que me hablan sin palabras, conocen mi idioma y establecen conversaciones conmigo de las que no soy muy consciente. Me dejan en un estado de ebriedad literaria en la que creo ser testigo de algo sorprendente… pero hasta allí llegan los límites del lenguaje y me quedo sin palabras. He aquí lo maravilloso de la poesía, nos deja sin palabras, con sus palabras.

Terredad es una obra intermediaria entre la naturaleza y el hombre. Cuando se lee Terredad por primera vez, se tiene la necesidad de sentarse bajo un árbol o en la orilla de un río para establecer la conversación más antigua del mundo: el diálogo entre el hombre y su ambiente, la Tierra. En el poema Montañas, se evidencia que la peor forma de conocer una montaña es escalándola y llegando a la cima: “Yacen colgadas con sus capas en el aire, / las doblamos mirándolas de lejos, son trajes de boda antiguos pero intactos” deben admirarse desde abajo, con humildad, como el mendigo del bosque: “Verá como lo trata el viento, / cómo su ofrenda le llenará las manos.” Allí, desde el lindero de la montaña, desde la raíz de un árbol, o donde un río nace, es posible entender porqué la mayoría de las personas prefieren conversar con sus iguales, a hablar con la naturaleza. La grandeza de la que se es testigo nos hace sentir diminutos, insignificantes. Lo que ocurre con un poema que no tiene explicación.

Esa grandeza también puede reconocerse en Pájaros, es un poema del cual no se sabe mucho, ya que la temática da cabida a diferentes opiniones. Una compañera de clases me decía que desde su perspectiva, los pájaros eran todos los elementos de la naturaleza integrados en un solo ser, quizá, pero los pájaros de Montejo también podrían representar cada experiencia de su vida, cada recuerdo que dejó atrás: “Si hay algo real dentro de mí son ellos”. No muy lejos, en la página siguiente está Sólo la Tierra y en ese compendio de versos se observa la enorme gratitud del poeta hacia la Tierra, gratitud de la que todos deberíamos formar parte. Montejo presenta a la Tierra como el único sitio en el que los humanos somos aceptados, y cuánta razón tiene. “La Tierra es el único planeta / que prefiere los hombres a los ángeles”. Eugenio nos heredó la capacidad de agradecerle a la Tierra por llevar el sol a cuestas, sólo para mantenernos vivos: “Maravillosa, errante / que trae el sol al hombro de tan lejos / y lo prodiga en nuestras casas”. Así mismo expresa el miedo y la fatalidad de “despertar mañana en otra parte”.

(Foto por Ryan McGinley)

Terredad tiene poemas tan imponentes, que siento la necesidad de pedirles permiso para escribir sobre ellos. Tal es el caso de Güigüe 1918, donde el protagonista aún no existe en forma corpórea, todavía es esencia y espera pacientemente su momento de aparecer ante el mundo. Aquí entendemos porqué Octavio Paz decía que lo que ignoramos es lo innombrado, ¿cómo darle nombre a lo que aún no ha nacido, pero sabe que nacerá?

 Güigüe 1918 es inseparable de Noche Natal. Más de 20 años después, el protagonista nace, percibe un poco tarde que su ciudad quedaba más lejos de lo que pensó, nace cansado del viaje. Sin embargo aún escucha los gallos cantando a lo lejos. El misticismo del que Montejo nos hace partícipes, es lo que Paz llamó “Purificar el lenguaje”, darle forma,  “Devolverlo a su naturaleza original”. Aún en Soy esta vida el poeta comparte una relación secreta con la vida, ambos son amigos desde hace tiempo y saben que él escogió el momento para nacer. Ciertamente la vida lo persigue, lo busca como a un fugitivo para evocar recuerdos, pero el protagonista no conoce sus planes y no sabe si retornará en un amor o en una palabra: “Soy esta vida que he vivido o malvivido / pero más la que aguardo todavía / en las vueltas que la tierra me debe. / La que seré mañana cuando venga / en un amor, una palabra, / la que trato de asir cada segundo / sin saber si está aquí, si es ella la que escribe / llevándome de la mano.”

Casi al terminar el poemario está Final, en este poema está expreso el miedo aunque no se nombra, el miedo a la muerte, al fin. Aparte del miedo a la muerte, comparto con Montejo el miedo al fin de esta obra, al fin de Terredad, es por eso que elijo este poema para finalizar mi comentario en lugar de Un samán, porque en resumen, lo que deseo compartir con cualquiera que desee leer este poemario, es que la lectura de Terredad pareció el vaivén de las hojas de los árboles que veía por la ventana mientras discutíamos sobre Montejo en clase. Ése vaivén se parecía a su vez a las olas del mar, y gracias a él pude entender muchos de los poemas aquí recopilados, gracias a ese movimiento y a la madera que lo sostenía, pude admirar que estaba sentada en una silla de árbol, y que nunca lo había apreciado, que la poesía de Montejo me leyó a mí, antes de leerla yo a ella.  La relación que existe entre el hombre y su entorno, que se muestra tan exquisitamente en Terredad, nos permite tomar un simple lápiz y pensar que ese fue el árbol con el que Montejo escribió su historia.

  • Eugenio Montejo. (1978). Terredad. Venezuela: Ediciones Actual. Poemas citados: Montañas, En el bosque, Pájaros, Sólo la Tierra, Güigüe 1918, Noche natal, Soy esta vida, Final.
  • Octavio Paz. (1956). El Arco y la Lira. México: Fondo de Cultura Económica.

Las tres esfinges de Bikini. Salvador Dalí.

Este impactante cuadro fue pintado en 1947, aparentemente Dalí tomó como inspiración las explosiones que tuvieron lugar en  el atolón de Bikini (Micronesia), por los Estados Unidos.

A pesar de que el arte es tan personal y subjetivo ya que cada quién lo percibe de manera diferente, siempre se encuentran puntos comunes, por eso, más allá de la fuente de inspiración, la increíble importancia de esta obra de arte es lo que transmite.

A simple vista se observa la relación hombre-naturaleza, debido a los antecedentes de la pintura este es quizá el mensaje más inmediato que el artista quiso transmitir, pero el cuadro dice mucho más. Las oscuras sombras en el cielo podrían interpretarse como angustia, ansiedad o simple curiosidad… curiosidad por conocer las diversas transformaciones que una persona experimenta en su vida y el resultado de ellas: ser humano, ser árbol, ser humano.

Muchas personas interpretan el árbol como el símbolo de la destrucción causada por las explosiones y probablemente tengan razón, ya que el arte es ambiguo, pero yo pienso que este cuadro fue un elemento mucho más personal para Salvador Dalí, ya que en el se observa una íntima relación del hombre con la Tierra, más allá de la destrucción. Es un proceso de transformación, es ese maravilloso sentimiento de querer sentir a la Tierra latir y adherirse a ella, danzar acoplados con nuestro origen para entender realmente lo que implica ser humano.

¡Árboles!
¿Habéis sido flechas
caídas del azul?
¿Qué terribles guerreros os lanzaron?
¿Han sido las estrellas?

Vuestras músicas vienen del alma de los pájaros,
de los ojos de Dios,
de la pasión perfecta.
¡Árboles!
¿Conocerán vuestras raíces toscas
mi corazón en tierra?

Federico García Lorca

Impresiones sobre Cummings.

Comenzaré haciendo la salvedad de que aún cuando había escuchado el nombre de e.e.cummings muchas veces, nunca me dediqué a leer su obra… hasta hace unos días. Su poesía llegó a mi por sugerencia de un profesor y sinceramente, me pregunto por qué no me tomé la molestia de leerla antes.

Edward Estlin Cummings nació el 14 de Octubre de 1.894 en Cambridge, Massachusetts. Durante su vida hizo y fue muchas cosas, pero sobre todo fue poesía. Deliberadamente, me encontré con la página 67 de sus poemas completos, la cuarta parte del poema Post Impressions. Su estilo se vuelve inconfundible a medida que su poesía te absorbe. En algún punto del viaje ya no eres tú quien lee, sino el poema quien te lee a ti. Sus poemas son un recorrido de sensaciones e impresiones y más allá de lo que las palabras transmiten, el elemento visual también tiene protagonismo: Separaciones, minúsculas, espacios en blanco, palabras aisladas… Una tipografía única, cada palabra se anuncia como una sola voz, independiente, pero necesaria para el paisaje. Esta es una obra poética que fácilmente podría confundirse con montañas.

“Cummings es mejor conocido por sus poemas que rompen con toda estructura, incluyendo usos poco ortodoxos de las mayúsculas y la puntuación, en la que los puntos y comas podían incluso llegar a interrumpir oraciones y hasta palabras. Muchos de sus poemas también están escritos sin respeto a los renglones y párrafos y algunos no parecen tener pies ni cabeza hasta que no son leídos en voz alta.”  Fuente: Wikipedia.

“No parecen tener pies ni cabeza hasta que no son leídos en voz alta.” Porque a la poesía de Cummings hay que prestarle una voz. Y uno de sus poemas más famosos, i carry your heart with me, deja sin habla:

i carry your heart with me(i carry it in
my heart)i am never without it(anywhere
i go you go,my dear;and whatever is done
by only me is your doing,my darling)
                                                      i fear
no fate(for you are my fate,my sweet)i want
no world(for beautiful you are my world,my true)
and it’s you are whatever a moon has always meant
and whatever a sun will always sing is you
here is the deepest secret nobody knows
(here is the root of the root and the bud of the bud
and the sky of the sky of a tree called life;which grows
higher than soul can hope or mind can hide)
and this is the wonder that’s keeping the stars apart
i carry your heart(i carry it in my heart)
e.e.cummings . (1972). i carry your heart with me. En Complete Poems (766). USA: Harcourt Brace Jovanovich.
Este poema está cargado de una sonoridad adictiva, una vez que se lee en voz alta el verso “here is the root of the root and the bud of the bud / and the sky of the sky of a tree called life” es casi imposible no repetirlo y aprenderlo. Octavio Paz lo llamaría letanía. A mí me gusta compararlo con el primer movimiento de la sonata 14 de Beethoven… o con el tercero, dependiendo del estado de ánimo.
Hay mucho en la poesía de e.e.cummings que quizá no alcancemos a entender en su totalidad, pero ahora o en el futuro,  al leerlo seremos los testigos del “secreto más profundo que nadie conoce”.