“En el bosque”, de Eugenio Montejo.

En el bosque, donde es pecado hablar, pasearse,

no poseer raíz, no tener ramas, 

¿Qué puede hacer un hombre?

la soledad no basta para engañar al viento, de  ningún brazo se construye una puerta,

la piel, las uñas nunca sirven

para un nido de pájaros.

Y el viento lo sabe.

En el bosque, quien no ha logrado ser un árbol,

sólo puede llegar de parte del otoño

a pedir unas hojas, 

mejor si lleva harapos de mendigo, 

algún morral raído, un palo, un perro

y ninguna esperanza. 

Verá como lo trata el viento,

cómo su ofrenda le llenará las manos. 

Eugenio Montejo. (1978). En el bosque. En Terredad (19). Mérida: Ediciones Actual.

¿Qué puede hacer un hombre en el bosque? Me atrevo a decir que gracias a la literatura y la poesía, todos hemos tenido la sensación de haber visitado un bosque alguna vez, aunque esto no sea del todo cierto, los olores y colores que el viento trae han sido descritos tan perfectamente por los poetas, que leemos “bosque” y pensamos en musgo, en verde, en Sol y en Luna.

Octavio Paz dice muchas cosas, entre ellas dice que “el poema es un caracol donde resuena la música del mundo” entonces, ¿qué puede hacer un hombre con un poema sobre el bosque? Pues sencillamente puede escuchar los sonidos del viento, la impertinencia y el descaro de la soledad; puede tratar de ser árbol, hoja o pájaro, quizá sin lograrlo; pero finalmente, lo más sensato que un poema como “En el bosque” puede provocar en un hombre, es dejarlo solo al abandono del viento, alimentarse de sus frutos, intimar con sus árboles, conversar con sus pájaros, escuchar lo que tienen para decir y, por último, tomar la decisión de irse, como Thoreau y convertirse en literatura y poesía.

Montejo expresa una relación hombre-naturaleza que se evidencia en Walden, La vida en los bosques: “Cuando escribí las páginas que siguen, o más bien la mayoría de ellas, vivía solo en los bosques, a una milla del vecino más próximo, en una cabaña que construí yo mismo junto a la orilla de la laguna de Walden, en Concord, Massachusetts, al tiempo que me ganaba el sustento con la labor de mis manos. Allí viví dos años y dos meses.”

“En el bosque” te deja padeciendo tus conocimientos, te hace desear nacer de nuevo y ésta vez, ser árbol, ya que /la soledad no basta para engañar al viento/ y /de ningún brazo se construye una puerta/.

Sin duda estas maravillas naturales han inspirado a muchos. Personalmente no sé qué es el bosque para Henry, para Octavio, o para Eugenio, pero sí, puedo imaginar al bosque que se describe en el poema como un todo, como una persona, que te cautiva y te intriga, te mira con ojos verdes  inquisidores y te pregunta: ¿Cuál es tu bosque?.

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