Acerca de Divisadero: un millar de lirios sobre la tumba de Colette.

divisadero

Michael Ondaatje es conocido por sus obras de poesía. Técnicamente hablando “Divisadero” podría ser considerado como prosa pero… Michael Ondaatje es conocido por sus obras de poesía, repito. Aparentemente es sólo una novela, de género drámatico dirían muchos, está dividido en capítulos que marcan pausas más o menos notables si se lee sin ningún interés, tiene todas las características de una novela, pero no, más bien es un poema, uno bastante largo. “De la primera a la última frase, este es un hermoso cuento, poético y con un toque humano” comentó USA Today sobre Divisadero. La confusión vuelve, ¿es una novela, es un cuento o es un poema? ¿es prosa o es poesía? ¿es una mezcla de las dos?

Independientemente de los géneros, las clasificaciones, los tecnicismos, los tipos de textos y todo eso de lo que uno no se acuerda cuando lee algo que le gusta, aparece una obra sencilla y hermosa, se conoce la vida de Anna, de Claire y de Coop, se intenta entrelazar las tres vidas y no se puede, se intenta separarlas y es aún más difícil, es imposible leer con estándares este libro. Durante toda la lectura se espera algo sorprendente, decisivo, revelador, y al terminar de leer se descubre que todo lo sorprendente, decisivo y revelador, se deja al desnudo en el nombre, en el principio, en la primera línea, en el acto más insignificante.

Ondaatje convierte la prosa en poesía y la poesía en prosa, no se conoce el principio de una ni el fin de la otra, los paisajes te llevan a recordar costumbres simples de la niñez, malas costumbres de la adultez, errores, decisiones… acerté, sí, esta vez lo hice, elegí el libro adecuado para un rato libre.

Este no es un libro donde se encontrarán horrorosas criaturas mitológicas o secretos de familias que ponen en riesgo la vida de toda la humanidad o mujeres feas que se vuelven bonitas. Aquí no encontrarán nada que llame mucho la atención a simple vista, hay que navegar y sumergirse, lo que se cuenta es un susurro casi imperceptible, callado, humilde. Ni siquiera voy a intentar clasificarlo, este libro se quedará con muchos otros que no tienen género, junto a “Los Pasos Perdidos” de Carpentier y pidiéndole un poco de espacio a Ribeyro y sus prosas sin bandera ni patria.

El millar de lirios sobre la tumba de Colette, la desnuda escena final para la historia de una mujer que nunca supo cual fue su principio ni su fin, el centauro que tomó el control del universo, son sólo algunas de las marcas que ciertos libros dejan, los más afortunados por supuesto serán recomendados insistiendo en que “no se debe preguntar por qué, simplemente se debe leer”. Divisadero no es uno de esos libros, no lo recomiendo por la sencilla razón de que a nadie le gusta sentir que una pila de hojas que no tienen vida propia te conocen tan a fondo y saben exactamente lo que estás pensando cuando lees. Sin embargo, para los valientes, no esperen prisas ni relatos sorprendentes, aunque serán sorprendidos muy rápido.

Michael Ondaatje. (2008). Divisadero. Bogotá: Alfaguara.

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